Empatía, confianza, sinceridad, escucha activa, acompañamiento, oración, abrazos, compasión. Palabras que quedan preciosas en cualquier manual y en muchas conversaciones cotidianas, y que sin embargo cada vez veo más inusuales, o por lo menos lo siento así.
Hablar con distendimiento sin miedo a ser juzgado por el otro, simpemente dejándose acompañar en el trayecto, quizá en el camino. Sentir que hay alguien que se preocupa por ti mucho más allá de tus miserias, de tus rollos, de tus incoherencias, de tus "cansinideces", de ti.
Cuando alguien necesita ayuda posiblemente no te lo pida con sus palabras y sin embargo te esté dando señales continuamente con sus actuaciones. Quizá lo que sucede es que a esa pesona le cuesta pedir ayuda pero te la reclama de múltiples maneras, y tú sigues ciego en tu mundo y sin percatarte de nada. No todos somos iguales.
Esta tarde-noche cuando volvía a casa caían gotillas. Me he mojado, y me he querido mojar pues en el abrigo llevo capucha.
Sigo dándole, cotidianamente, vueltas.
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