Primero me ha subido hasta el último, cuando yo había pulsado mi piso, después, gilimema de mi porque me podía haber salido y bajado a mi prellano andando, le he dado a la planta baja y se ha parado a la mitad del trayecto. Por supuesto no soy consciente entre qué pisos, pues unicamente tenía voz para pedir auxilio entre sollozos. No lo puedo evitar, me pongo histérica. Y lo que es peor en medio de mi histeria me bloqueo y soy incapaz de hacer otra cosa que no sea gritar como una descosida. En esos momentos no pienso ni en que llevo el móvil, simplemente pongo en funcionamiento mis cuerdas vocales en su máxima potencia y mi cerebro va a tal velocidad que en pocos minutos soy capaz de verme ahí metida horas, o que se descuelgue y caiga al vacío, ...¡¡mil cosas!!. Tras unos minutos de horror, me han salvado. Mi estado de nervios era bestial, parecía una fiera. Me han enchufado una buena pastillita de esas que "tranquilizan" acompañada de una extraña infusión y un "venga, que no pasa nada" (que de calmante, en este caso, ha tenido poco).
He llegado a mi cama y solo he podido quitarme las botas, me he tumbado y me daba todo vueltas, parecía que me había bebido dos o tres vinos de marca barata...
Cuando el sopor se me ha pasado he estado pensando, con las pocas neuronas que me quedaban activas. Soy el antiejemplo de "autocontrol". ¿Cómo se alcanzará el control sobre el propio ser en estados de puro nervio? no sé si algún día lo sabré.
Me pasa lo mismo cuando estoy bajo tierra (en el metro, por ejemplo), pero ahí consigo concentrarme en otras cosas. Mi yaya decía que temía a la muerte, no por la muerte en sí sino por estar en realidad viva y no poder salir del féretro. Yo en eso prefiero no pensar, porque entonces ¡apaga y vámonos!.
Hace un rato hablaba con un amigo y me decía que tenía que intentar trabajar más el autocontrol porque no podía montar esos numeritos cada vez que me quedo encerrada o colgada en un ascensor. He recordado aquel baño de Milán para el recuerdo, me quedé encerrada y como afuera solo había chinas nadie entendía mis berridos. Y ya le he dicho que yo es que soy demasiado pasional, jajaja.
¿Cómo se alcanzará ese estado que sale en todos los manuales de Psicología llamado AUTOCONTROL?. No lo sé, y no sé si alguna vez lo sabré.
De momento creo que, en lo cotidiano, me vendría bien dejar de usar mi ascensor (otros muchos hace tiempo que dejé de usarlos). Así ayudaría a mi culo, a mi corazón y a mis nervios.
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