Te miro, y miro la vida que se desparrama a raudales.
Recuerdo la primera vez que te vi, la primera vez que pude olerte y abrazarte. Ese recuerdo viene a mi memoria muchas veces. Después de un tiempo de pérdidas importantes llegaste tú para hacernos entender que la vida siempre gana.
Me encanta enseñarte canciones y que seas tan rápido aprendiendo, y lo salaó que eres bailando. Me hace muchísima gracia oirte hablar y llamarme: tíaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa.
Duermes, plácidamente. Y yo te contemplo como si fueras una maravillosa obra de arte que te deja boquiabierta y no puedes explicar lo que sientes.
Contemplando en lo cotidiano... a mi sobrino