Hace unos años, unos cuantos ya, organizando una salida a cantar villancicos, con los chicos de grupos, a una residencia de ancianos gestionada por las Hermanitas de los pobres, estuvimos con una monja vestida de monja con un hábito de lo más monjil. Recuerdo ese alfiler sujetando la toca, que a mi me entraban temblores solo de pensar que se lo podía clavar en la cabeza y no pude evitar preguntarle ¿no le molesta? (en aquellos tiempos tenía menos vergüenza que ahora).
Me he criado en un colegio religioso, de una congregación de religiosas, y no he convivido con esos símbolos porque “mis monjas” no usan hábito, por lo menos desde el momento en el que yo las conocí ya que, según tengo entendido, antes del Concilio Vaticano II si lo usaban. Aunque era muy común ver a alguna de las hermanas mayores de la Comunidad vestidas con el hábito gris, y a mi siempre me despertaban ternura.
Cuando mi abuela estaba hospitalizada, muy malita, en la habitación de al lado estaban dos monjas Carmelitas, una era la enferma “la madre” (pues había sido superirora) y la otra la cuidaba sin descanso día y noche. El pasillo era un lugar de encuentros, unas veces alegres y la mayoría tristes por las circunstancias. Mónica, i.c.d., la hermana joven que cuidaba de la monjita mayor, solía pasear por el pasillo. Siempre con sus rosarios colgando, hasta tal punto que yo la llamaba “Sor Rosarios”. Nos hicimos coleguillas y compartimos mucho aquellos días. El hábito también fue un tema de conversación, si. Hace no más de un mes, hablaba del tema del hábito con una monja. Ella insistía en que eso imprimía carácter. También días atrás mantenía una conversación, a altas horas de la noche, en la que el interlocutor, sacerdote, me decía que utilizaba cleriman, el traje negro, …y que era una decisión personal cuya finalidad era ser presencia ¿entendí bien?.
Por no ponerme a enumerar las tantísimas veces que me ha tocado ir en el tren con monjas, curas y demás familia. Vamos, que el temita de los hábitos ha estado presente en mi vida de una u otra manera. Yo no voy a entrar a hablar de la teología de las telas religiosas (si es que existe), porque ¡¡vaya tela!!. Toda esta introducción viene a qué estos días he estado reflexionando sobre los signos que una persona creyente muestra a los demás, de una manera u otra.
Está claro que el hábito no hace al monje, sin embargo es verdad que siempre que vemos a alguien que lo lleva nos quedamos mirando ¿será por algo no?.
Quizá lleven razón, quizá se trate de ser signos. Pero ¿es necesario que sea un hábito lo que nos simbolice?, puede que no. Y de ser así ¿como hacerlo los que no estamos consagrados a la vida religiosa?. A lo mejor lo que a mi realmente me fastidia es que a ellos se les nota y a mi no. Sigo preguntándomelo, sigo dándole vueltas.
Estas cosas cotidianas que las pones en presencia, y sin saber muy bien por qué recuerdas aquella canción que te enseñó Lau y la empiezas a tararear…
Con hábito o sin él, con cleriman o sin él, con una cruz o sin ella colgada en el cuello, con chandal o en traje, con boina o calvo, ... pero signos. Signos que en lo cotidiano nos hagan diferentes, porque lo somos. Signos que sean agua que calme la sed, que se den hasta el extremo.
Y bufff, que díficil es para mi ser signo en lo cotidiano. Qué complicado me lo pongo todo, cuanta inseguridad aguardo en mis entrañas, cuanto dolor tiene que salir aún y cuantas heridas que cicatrizar, cuantas palabras por decir y cuantas debilidades por atreverme a mostrar. Así que de vez en cuando no está de más que venga una monja con hábito o un cura con cleriman y me recuerde cuál es el camino para ser un signo, aunque pequeñito, de luz.

4 comentarios:
Cualquier persona que te conozca sabe que tú eres un signo, en sí y por ti, por lo que Dios ha hecho en ti. Que de eso se trata, de que el signo "signifique" aquello que quiere señalar. No en todos los lugares vale cualquier "cosa", "tela". Pero tú, donde vayas, triunfarás.
Gracias por tu gran cotidianeidad.
Esa canción me encanta, ya alguna vez creo que te lo dije. Para mí está asociada a Horacio, un salesiano amigo que me la enseño en un momento de mucha oscuridad mía. Gracias por encenderme un recuerdo para mí tan lindo ahora.
Un abrazo Noe!!
Es curioso... A mi madre, un día en su tienda, un señor le dijo: "eso que llevas en el cuello te honra". Mi madre llevaba una cruz, y el señor era sacerdote vestido de seglar!
Me gustan los signos (los sacramentos son signos y los necesitamos, por ejemplo) y tú, también eres signo, testigo y testimonio.
Un abrazo manita
El hábito realmente no hace al monje, pero sí que en ocasiones ayuda. Creo que es distinto en sacerdotes y religiosas que en los laicos, aunque mi gran amigo y acompañante, sacerdote y religioso, no lleva hábito y es un sacerdote extraordinario. Sólo un dato: foto de felicitación de "estas fechas" del departamento de mi empresa; lucecitas, un pino y nosotros. Todo para felicitar el 2011, por que no esta bien eso de Feliz Navidad en una multinacional..... bueno, ser bajito tiene sus ventajas, me colé en primera fila, y saqué como quien no quiere la cosa la cadena del cuello y la Cruz (que se fastidien, pensé) ahí estaba Él, salió en la foto. El mayor y mejor signo es nuestra actitud en la vida. Nuestra propia vida.
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