viernes, 2 de noviembre de 2012

El placer de educar para escribir

Esta tarde leía en el blog de J. Fernando, una entrada cuyo título ya me ha dejado paralizada: Educar el placer de escribir.
Si hay algo absolutamente extraordinario en la cotidianeidad de mi vocación hecha profesión, es enseñar a escribir.

Evidentemente primero está la lectura. Afrontas ese gran reto que es contar un cuento y mantener la atención, después vas desgranando las letras, el aprendizaje e interiorización de las diferentes grafías que poco a poco se van tornando en palabras que van formando frases... Y la cara de los niños aprendienéndolo es indescriptible. Y una vez van adquiriendo conocimientos los niños ansían más, y entonces ¡¡plummm!!, se lanzan y ves como poco a poco van haciéndose con ello: buscando, investigando y experimentando (no me voy a poner a describir las diferentes fases por las que pasan, hemos pasado, porque no viene a cuento).

¿Y por qué me ha dejado paralizada?, pues porque en este tiempo que me está tocando vivir una de las cosas que más he sentido crujir ha sido mi vocación. Yo sé para que he sido llamada, yo sé que educar me hace feliz...y quizá me hacía falta "ser tocada y hundida" para de nuevo buscar y más buscar los por qués, los motivos. Y uno de ellos, uno de los motivos, es lo inmensamente feliz que me hace guiar la mano de un niño y ayudarle a escribir, por primera vez, su nombre. ¡¡Buf!!, es una sensación de cosquilleo que no sé ni describir. Por supuesto, enseñar a escribir es un pequeñito milagro de mi vocación, la suma es mucho más amplia y lo guay es que a raíz de haber sido "interpelada" por el título de J.F., ahora estoy dándole vueltas todo el rato.

Gracias J.Fernando, no sabes cuanto bien me has hecho hoy, en lo cotidiano, ¡y solo con el título! (por supuesto, la reflexión que tú haces es magistral, pero yo es que me he quedado con el título, quizá sea una superficial).
Gracias, porque en esta cotidianeidad en la que me hallo un simple título me ha hecho sentir magia.

1 comentario:

José Fernando, escolapio dijo...

Qué bien. Qué importante es tu vocación, la de quien enseñana a escribir, y la de quien comparte escribiendo.