Esta tarde leía en el blog de J. Fernando, una entrada cuyo título ya me ha dejado paralizada: Educar el placer de escribir.
Si hay algo absolutamente extraordinario en la cotidianeidad de mi vocación hecha profesión, es enseñar a escribir.
Evidentemente primero está la lectura. Afrontas ese gran reto que es contar un cuento y mantener la atención, después vas desgranando las letras, el aprendizaje e interiorización de las diferentes grafías que poco a poco se van tornando en palabras que van formando frases... Y la cara de los niños aprendienéndolo es indescriptible. Y una vez van adquiriendo conocimientos los niños ansían más, y entonces ¡¡plummm!!, se lanzan y ves como poco a poco van haciéndose con ello: buscando, investigando y experimentando (no me voy a poner a describir las diferentes fases por las que pasan, hemos pasado, porque no viene a cuento).
Gracias J.Fernando, no sabes cuanto bien me has hecho hoy, en lo cotidiano, ¡y solo con el título! (por supuesto, la reflexión que tú haces es magistral, pero yo es que me he quedado con el título, quizá sea una superficial).
Gracias, porque en esta cotidianeidad en la que me hallo un simple título me ha hecho sentir magia.
1 comentario:
Qué bien. Qué importante es tu vocación, la de quien enseñana a escribir, y la de quien comparte escribiendo.
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