jueves, 7 de febrero de 2008

Atardecer

Paseo a solas, a veces es necesario.

Veo con cara de alucinada la imagen del sol sobre el Ebro. Es invierno pero el sol hoy ha decidido dejarse ver.

Estoy disfrutando del momento, me siento e intento aprovecharlo para ese "a solas" que buscaba así que aprovecho y escribo. Escribo lo primero que me viene a la cabeza y me salen estas lineas...

Atardece en el Ebro. Me siento tan pequeñita ante esta inmensidad que hoy disfruto que no puedo dejar de sonrojarme por el egoísmo de querer hacer solo mío este momento y que el tiempo se detuviera por un instante.

Durante un ratín me detengo a mirar a un grupillo de peques que corretean, a los abuelillos que pasan la tarde en ese banco a medio sol, en los que salen a correr al finalizar su jornada, en aquel que pasea a su perro, y en esa pareja que va de la mano contemplando el infinito.

La cotidaneidad de la vida. La ilusión de los niños con sus juegos me trae recuerdos dulces a la memoria. Les observo, me arrancan más de una sonrisa.
Pienso, LE ofrezco mi día y mis incertidumbres.
Deseo...



Deseo, deseo, deseo. Quiero con todas mis ganas ser feliz, ser lo que siempre
quise con mucha ilusión, y con eso hacer un poquito feliz también a los que me
rodeen. (Leire, en la película Piedras de Ramón Salazar)



Y termino este instante que hubiera hecho eterno pero el reloj no para y yo he quedado, así que para allí me voy.

Conversación buena en buena compañía, en lo cotidiano.

No hay comentarios: