Llevo un mes y pico sin actualizar, lo sé: ¡¡soy un desastre!! y por muchas disculpas que ponga ninguna será lo suficientemente convincente.
El curso terminó y tocó trasladar las cosas a la que será la nueva clase en la que seguiremos caminando los niños y yo. Un nuevo reto que comenzará en a penas un mes.
Después me fui a un curso, para profesores y catequistas, al pueblo que vio nacer a un gran Maestro, al que posiblemente sea el mejor pedagogo de todos los tiempos. A
Un hombre que se dio por los demás, un hombre que supo ver en los niños futuros hombres de una nueva humanidad. Ir con una idea o que te hayan hablado de ello no siempre ayuda, y la verdad es que a mi se me rompieron los esquemas previos nada más aterrizar. Decidí dejar un poco la mente en blanco y dejarme empapar por las vivencias, las charlas y los momentos. No fue fácil, lo reconozco. Me resultaba incómodo sentarme en una capilla con gente "extraña", con gente con la que no estaba acostumbrada a ello.
Me resultaba complicado compartir, reflexionar, hacer silencio cuando se invitaba. Además las fechas coincicieron con un momento duro, jodido, alguien a quien quiero ha tomado una decisión que de seguro cambiará su vida, una decisión que no me cabe la duda que ha sido complicada y díficil, de muchísimo discernimiento, y lo que más deseo es que sea muy, muy feliz porque ella se lo merece.

Como decía, no fue fácil. No conocía más que a quienes fueron desde mi ciudad conmigo, y hay barreras que debo superar poco a poco. La verdad es que éntre la gente que allí nos encontrabamos había con quienes no me hubiera importado estar unos días más, conversar de temas profundos y dejarme empapar por sus vivencias, porque la esencia que dejaban respirar era agradable y buena, y en muchas cosas sintonizaba con lo que yo andaba buscando, o con el camino que quiero seguir caminando. Pasé unos días raros pero buenos, positivos. Fue conmovedor y enriquecedor. El corazón se me soldó un poquito, entendí muchas cosas y me reconcilé un poquito conmigo misma y con la vida. Llevaba demasiado tiempo oxidada en ciertas cosas, en ciertas vivencias, en mi fe. Gracias Maestro.
Tras él me fui de vacaciones familiares, días en clave de "des": descanso, desconexión, desintoxicación,

desperezarse, y ¿destaparse", si también tocó destaparse y dejarse abrazar por los rayos del sol. He disfrutado muchísimo de los míos, del calor de la familia, de los besos de mi sobrino. He gozado conociendo a gente nueva, a gente a la que la vida ha cruzado estos días en mi camino y me he dejado sorprender por esos que siempre roban mi atención allá donde vaya: los niños, los pequeños; ellos dan tanto sabor a mi vida, y verles disfrutar en la arena, con el agua, sin necesidad de teles ni maquinitas, tan solo con un par de rastrillos y un cubo ¡¡qué gozada!!. Días, como digo, de puro dejarme des-hacer para, ojalá, hacerme de nuevo.
El tiempo de descanso sigue, aún me queda un mes (si, los maestros tenemos un tiempo "extra" de vacaciones). Quizá sucedan cosas inusitadas, poco frecuentes, no lo sé. Lo que si quiero, porque lo necesito, es seguir en este tiempo en clave de "des".
Planes, pues no hay, dejarme sorprender en lo cotidiano sea, quizá, la mejor manera de buscar planes. ¿Caminamos?