
Hace exactamente un año que te fuiste, sobre estas horas.
Siempre fuiste la favortita de tus hermanos, y lo sabías. Pequeña de nueve hermanos, naciste a los pocos meses de morir una de tus hermanas por lo que te pusieron su mismo nombre: María Elisa, y según tengo entendido siempre fuiste tan guapa como ella.
Mi abuelo sentía devoción por ti, su hermana pequeña a la que dejó con cinco meses cuando marcho a la Guerra y encontró con cinco años cuando volvió. A ti era a la única que cada semana escribía cartas con la esperanza de que alguien te las leyera. Sé que tú también sentiste devoción por él, a quien consultabas todas tus dudas y con quien compartías todos tus momentos.
Son muchos los recuerdos que conservo de ti. Aquellas caricias en los momentos tristes, aquellas sonrisas en los momentos joviales. En tu casa nunca faltaba un dulce, siempre tenías toda clase de pastas, chocolates, bizcochos, ... Recuerdo con especial cariño la mesa camilla y el brasero, degustando un chocolate y riéndonos sin parar.
Tía, como ya te dije muchas veces, si hay una palabra con la que podríamos definirte los que tuvimos la suerte de conocerte esa es VALENTÍA. Pronto quedaste sola con dos niños a los que criar. ¡¡y qué bien lo hiciste!!. Supiste afrontar la vida desde la sabia certeza de que nunca estarías sola. Valiente en los últimos momentos de tu vida, sufriendo esa maldita y terrible enfermedad, pero sonriendo y ofreciendo tu mano por doquier..¡¡me admira!!.
Te fuiste muy joven y a todos nos dejaste un poquito huérfanos. Sé que desde allí arribita sigues cada uno de nuestros pasos, en especial los de tus hijos, tu devoción.
Sirvan estas palabras para rendirte mi pequeño homenaje en este día, tía.