¿Hay algo más jodio que la soledad de sentirse solo en medio del mundo?
No sé ni cómo empezar ni cómo hacer para que las cosas vuelvan al lugar en el que se estancaron, no lo sé. Me sigue doliendo, la herida no está curada. Siempre he pensado que el tiempo deja a cada uno en el lugar que le corresponde, quizá este sea el mío. Yo soy consciente, plenamente, que lo que ahora tengo no es más que fruto de lo que yo he sembrado y la culpa es enterita mía pero lo más jodido, lo más frustrante es no saber por dónde empezar, qué hilo coger para empezar a tejer lo que un día yo solita descosí tirando de un hilo. Las herramientas las tengo, pero no las sé utilizar.
¿Cómo cambiar?, soy tremendamente cabezota, me creo que tengo las ideas claras (no sé si en verdad las tengo), intento que los demás piensen como yo pienso, me cuesta muchísimo adaptarme a las cosas nuevas y me resulta inevitable pensar en el pasado aunque muchas veces tengo la cabeza soñando con un futuro incierto. Todas estas cosas van haciendo mella en mí, en mí misma. Y buscar ayuda ¿para qué?, si como digo las herramientas las tengo pero solo me falta echarle un buen par para utilizarlas. Además la última vez que busqué ayuda solo me encontré al otro lado (de una ventanita de madera, debo añadir) a un personaje que quiso juzgarme, arañando mi corazón hurgando en le herida con ensañamiento y vinagre, en lugar de intentar sanarlo con buenas palabras y amor, que es lo que yo pedí.
Solo me queda gritar (y llorar en mi soledad, en esa que se hace tan dura cuando la intentas esconder)
Estos son mis desórdenes cotidianos.
Porque en lo cotidiano es donde me gusta encontrarme conmigo misma y con los demás. Porque de lo cotidiano nace lo extraordinario, lo insospechado, la alegría y la tristeza...Porque en lo cotidiano es donde más se aprende. Contigo, misioneros en lo cotidiano.
jueves, 25 de agosto de 2011
martes, 2 de agosto de 2011
En clave de "des"
El curso terminó y tocó trasladar las cosas a la que será la nueva clase en la que seguiremos caminando los niños y yo. Un nuevo reto que comenzará en a penas un mes.
Después me fui a un curso, para profesores y catequistas, al pueblo que vio nacer a un gran Maestro, al que posiblemente sea el mejor pedagogo de todos los tiempos. A Un hombre que se dio por los demás, un hombre que supo ver en los niños futuros hombres de una nueva humanidad. Ir con una idea o que te hayan hablado de ello no siempre ayuda, y la verdad es que a mi se me rompieron los esquemas previos nada más aterrizar. Decidí dejar un poco la mente en blanco y dejarme empapar por las vivencias, las charlas y los momentos. No fue fácil, lo reconozco. Me resultaba incómodo sentarme en una capilla con gente "extraña", con gente con la que no estaba acostumbrada a ello.
Me resultaba complicado compartir, reflexionar, hacer silencio cuando se invitaba. Además las fechas coincicieron con un momento duro, jodido, alguien a quien quiero ha tomado una decisión que de seguro cambiará su vida, una decisión que no me cabe la duda que ha sido complicada y díficil, de muchísimo discernimiento, y lo que más deseo es que sea muy, muy feliz porque ella se lo merece.
Como decía, no fue fácil. No conocía más que a quienes fueron desde mi ciudad conmigo, y hay barreras que debo superar poco a poco. La verdad es que éntre la gente que allí nos encontrabamos había con quienes no me hubiera importado estar unos días más, conversar de temas profundos y dejarme empapar por sus vivencias, porque la esencia que dejaban respirar era agradable y buena, y en muchas cosas sintonizaba con lo que yo andaba buscando, o con el camino que quiero seguir caminando. Pasé unos días raros pero buenos, positivos. Fue conmovedor y enriquecedor. El corazón se me soldó un poquito, entendí muchas cosas y me reconcilé un poquito conmigo misma y con la vida. Llevaba demasiado tiempo oxidada en ciertas cosas, en ciertas vivencias, en mi fe. Gracias Maestro. Tras él me fui de vacaciones familiares, días en clave de "des": descanso, desconexión, desintoxicación,
desperezarse, y ¿destaparse", si también tocó destaparse y dejarse abrazar por los rayos del sol. He disfrutado muchísimo de los míos, del calor de la familia, de los besos de mi sobrino. He gozado conociendo a gente nueva, a gente a la que la vida ha cruzado estos días en mi camino y me he dejado sorprender por esos que siempre roban mi atención allá donde vaya: los niños, los pequeños; ellos dan tanto sabor a mi vida, y verles disfrutar en la arena, con el agua, sin necesidad de teles ni maquinitas, tan solo con un par de rastrillos y un cubo ¡¡qué gozada!!. Días, como digo, de puro dejarme des-hacer para, ojalá, hacerme de nuevo.
desperezarse, y ¿destaparse", si también tocó destaparse y dejarse abrazar por los rayos del sol. He disfrutado muchísimo de los míos, del calor de la familia, de los besos de mi sobrino. He gozado conociendo a gente nueva, a gente a la que la vida ha cruzado estos días en mi camino y me he dejado sorprender por esos que siempre roban mi atención allá donde vaya: los niños, los pequeños; ellos dan tanto sabor a mi vida, y verles disfrutar en la arena, con el agua, sin necesidad de teles ni maquinitas, tan solo con un par de rastrillos y un cubo ¡¡qué gozada!!. Días, como digo, de puro dejarme des-hacer para, ojalá, hacerme de nuevo. El tiempo de descanso sigue, aún me queda un mes (si, los maestros tenemos un tiempo "extra" de vacaciones). Quizá sucedan cosas inusitadas, poco frecuentes, no lo sé. Lo que si quiero, porque lo necesito, es seguir en este tiempo en clave de "des".
domingo, 12 de junio de 2011
Solo tú...
Así me siento...
(...)
Dicen que el amor es suficiente,
Dicen que el amor es suficiente,
pero no tengo el valor de hacerle frente.
Tú eres quien me hace llorar,
pero solo tú me puedes consolar.
Te regalo mi amor, te regalo mi vida.
A pesar del dolor eres tú quien me inspira.
No somos perfectos, solo polos opuestos
Te amo con fuerza, te odio a momentos…
Te regalo mi amor te regalo mi vida.
Te regalaré el sol siempre que me lo pidas.
No somos perfectos solo polos opuestos.
Mientras sea junto a ti siempre lo intentaría,
¿Y qué no daría?
Si eres mi mundo,
si con tus manos curas mis heridas
¿qué no daría?
si solo a tu lado puedo llorar y reir al sentir tus caricias.
(...)
Así, en lo cotidiano...
domingo, 29 de mayo de 2011
¿Dónde se aprende la compasión?
El miércoles fallecía, en un trágico accidente, una persona muy importante en la vida de una personita muy importante de la mía (una de mis peques). La mamá de mi peque pidió a otra mamá que me lo contara, así que esa fue la noticia con la que empecé la mañana del jueves. Me sentía mal, no sabía qué hacer. Algo muy dentro de mi me decía que tenía que acompañar a la familia en ese momento tan horrible, pero ¿cómo?. Incluso escribí a Santi, necesitaba un consejo, cómo acompañar a una familia en una situación tan dolorosa, necesitaba saber qué le gustaría sentir a él como padre por parte de la tutora de sus hijos en un momento así. Pero antes de recibir la contestación de Santi ya estaba camino del tanatorio, podía haberle llamado pero quizá Alguien quiso que aprendiera a desenvolverme por mí solita.
Lo que sentí cuando entré en el Tanatorio fue desgarrador, gritos desconsolados, rabia, impotencia y una tristeza indescriptible se sentía en aquel lugar que por muy bien decorado que esté a mi siempre me parece feo. La mamá se me abrazo fuerte, un abrazo largo, silencioso, tembloroso. Por más que lo intenté no pude reprimir las lágrimas, ¡era todo tan duro!. Habló, me contó lo sucedido y como se lo habían contado a los niños, me pidió ayuda, me pidió que rezásemos, me cogió la mano, me volvió a abrazar, ...
Cuando salí de allí me sentía por un lado bien, pues la familia agradeció mucho mi presencia, pero por otro lado sentía una impotencia muy grande por no saber como ser compasiva con ellos, como acompañarles. Trabajar con personas es lo que tiene, experimentas alegrías infinitas pero también penas muy grandes, y saber como enfrentarlas es algo que nadie te enseña en la carrera, quizá porque es un aprendizaje de la vida.
Estos días ando dándole vueltas, necesito más Luz, más fe para enfrentarme a las situaciones que la vida me pone en el camino. Y siento que todo eso falla, que no hay escalera en el pozo y que quizá deba empezar a buscar los peldaños nuevamente. Estoy como hace un tiempo, estancada como el agua corrompida.
Y en esta cotidaneidad de mi vida me pregunto: ¿Dónde se aprende la compasión?
Suscribirse a:
Entradas (Atom)