domingo, 5 de diciembre de 2010

Sentimientos cotidianos encontrados


 Alguna vez más ya he hablado sobre la lluvia en mi blog. Los que me conocéis sabéis que me encanta ver llover y dejarme mojar por el agua que cae (salvo cuando llevo el pelo recién alisado, pero ahí interviene la ley de Murphy y de esa hablaré otro día). Si hay algo que me apasiona realmente es estar en casa, tumbarme con un buen libro y escuchar el sonido de la lluvia de fondo, y para que sea pura pasión es estar relajada en posición horizontal y escuchar el caer de las gotas.

Esta tarde estaba siesteando, mientras me relajaba contemplaba la belleza de mi pequeño sobrino durmiendo, tan bella imagen evocaba en mi una gran ternura. A la par el sonido de la lluvia conseguía que mi mente fuera poco a poco volando hasta... el sueño.

Mi sobrino se ha despertado, y al moverse me ha despertado a mi, lo he calmado y se ha vuelto a dormir pero yo ya no he podido. Volvía a observarle, repasaba los ocho meses que tiene y la cantidad de cosas que he aprendido de él. Mientras la lluvia seguía cayendo ahí afuera.

En mi interior empezaba también a removerse un sentimiento de ¿culpa?, yo ahí calentita, arropando a mi sobrino que, calentito también, descansaba plácidamente. Y miles de personas sin un techo, sin un hogar ni el calor de su familia, a veces mucho más importante que el calor que nos da una manta, un radiador o una chimenea. Tantas y tantas personas para quienes la lluvia es una amenaza y no una fuente de relajación como para mi. Tantos niños que no tendrán nunca la suerte de ser arropados, de ser mimados, de escuchar la lluvia como una melodía relajante. Me he sentido un poco miserable con mis ataduras, mis pequeños lujos y mis egoísmos.

Y esto es lo que me ha sucedido en esta tarde cotidiana de lluvia otoñal, preinvernal. Y me fastidia, porque creo que tampoco es malo que a una le guste la lluvia.

Sentimientos cotidianos encontrados.

domingo, 28 de noviembre de 2010

Lo cotidiano de la espera

¡Dios mío! cuanto tiempo sin dedicarle un mínimo tiempo a este espacio, al que me "subí" con tanto cariño. Y no es que mi cotidaniedad no esté llena de momentos que me gustaría plasmar, es más bien una cuestión de autorganización de cotidaneidades, que de una u otra manera tengo desordenados en la mente y sin colocar correctamente en el corazón.

Ayer fue para mi un día especial, celebramos el Día del Maestr@, día que para mi este año recobra mucha más intensidad. Y celebramos en España el día del Maestr@ el 27 de noviembre porque ese mismo día, en el año 1597 San José de Calasanz abrió las dos primeras clases para niños pobres.

Hoy, 28 de Noviembre, para muchos es un día cualquiera, para otros hoy es un día especial. Es especial porque hemos comenzado un tiempo de espera. Y si hay una espera bella y bonita es la que tenemos cuando viene un bebé a nuestras vidas. Preparamos con cariño sus cositas: la ropita, su habitación con su cunita. De nosotros va a depender los primeros años de su vida, porque así nacemos todos: frágiles y dependientes, por lo tanto nuestro esmero ha de ser cuidado, mimado y trabajado previamente para que cuando llegue nuestro ansiado bebé nos demos a él infinitamente. Así lo veo yo.

Quisiera en este tiempo de Adviento preparar en mi corazón una cuna confortable y calentita. No tengo muchas herramientas, soy débil y estoy llena de agujeros. Soy muy picona, "me pico" por casitodo y por mucho que lo intente no consigo sacar mucho de esos "piques". ¿Qué nos pica?



Y ya lo dice el dicho: "Si te pica, ráscate":


Ojalá en mi cotidaneidad de estos aprenda a rascarme.

jueves, 16 de septiembre de 2010

Un gran pedagogo, un maestro ejemplar.

 "Si por el amanecer se adivina el buen día y del buen comienzo se deduce el buen término, depende el resto de la vida de la educación de la edad tierna, de la que jamás se pierde el buen olor, como del ánfora que contuvo el vino añejo."
(San José de Calasanz)

Esta frase me encanta desde que la conocí, y ahora más que nunca necesito, debo y quiero empaparme de la pedagogía calasancia.

San José de Calasanz, patrón de los maestros, fué un hombre que soñó un proyecto y lo llevó a buen puerto: Fundó las Escuelas Pías, cuyo fin era que todos los niños, especialmente los más necesitados, tuvieran acceso a la educación. Hubo quien llegó a mofarse de él por este aspecto, le llamban "maestro de los andrajosos".

Cuando ya contaba con un elevado número de alumnos compró la casa de San Pantaleón, hoy Casa Madre de la Congregación de los Padres Escolapios. Allí siguió su misión de educar desde una perspectiva evangelizadora mediante la integración de la Fe y la Cultura, la Piedad y las Letras. Me consta que sus favoritos eran los más pequeños, como para mí :).

Sin duda José de Calasanz fué un gran pedagogo, un maestro ejemplar. Y a mi, en lo cotidiano, me gustaría parecerme un poquito a él.

jueves, 9 de septiembre de 2010

Viviendo un sueño

Mucho, muchísimo tiempo sin escribir. Todo este tiempo lleno de momentos extraordinarios, inmejorables, felices. También tiempo de interioridad, de búsqueda, de incertidumbres.

Y en este instante me encuentro en uno de los momentos más dulces, plenos y mágicos de mi vida.

Un sueño, el mío: EDUCAR.

Una oportunidad, una aventura.

Una cotidianeidad extraordinaria.

Y a mi solo em sale dar un GRACIAS con mayúsculas: A quien a apostado por mi, a quien ha confiado en mi valía. A quienes caminan a mi lado y se han alegrado tanto estos días con el notición. A quienes comparten mi alegría desde los más diversos y recónditos lugares del planeta. Y sobretodo a TI, si, mi Buen Dios, a ti que has intercedido: Loado seas.

El mes de agostó acabó con una llamada al móvil que me abría la puerta a un sueño tan soñado. El mes de septiembre empezó palpando ese sueño, tocándolo con mis propias manos.

Estoy en una nube, espero me sea permitido seguir aquí un poquito más. Llegará el tiempo de volver a tocar el suelo con los pies, de aterrizar.

Tengo tantas cosas en esta cabeza que llevo sobre los hombros, tantas cosas que compartir que se me desordenan y no sé como expresarlas, es que a veces las palabras sobran cuando hablamos de felicidad.

Bendita esta vocación que nació a la par que fui creada y se ha ido tejiendo en el tiempo como la flor que primero es semilla y después desprende ese aroma inconfundible.
Benditos niños, favoritos del Padre. Bendita su transparencia y sus locuras.

Sonrío, no puedo parar de sonreir.




Bendita cotidaneidad extraordinaria.