jueves, 9 de septiembre de 2010

Viviendo un sueño

Mucho, muchísimo tiempo sin escribir. Todo este tiempo lleno de momentos extraordinarios, inmejorables, felices. También tiempo de interioridad, de búsqueda, de incertidumbres.

Y en este instante me encuentro en uno de los momentos más dulces, plenos y mágicos de mi vida.

Un sueño, el mío: EDUCAR.

Una oportunidad, una aventura.

Una cotidianeidad extraordinaria.

Y a mi solo em sale dar un GRACIAS con mayúsculas: A quien a apostado por mi, a quien ha confiado en mi valía. A quienes caminan a mi lado y se han alegrado tanto estos días con el notición. A quienes comparten mi alegría desde los más diversos y recónditos lugares del planeta. Y sobretodo a TI, si, mi Buen Dios, a ti que has intercedido: Loado seas.

El mes de agostó acabó con una llamada al móvil que me abría la puerta a un sueño tan soñado. El mes de septiembre empezó palpando ese sueño, tocándolo con mis propias manos.

Estoy en una nube, espero me sea permitido seguir aquí un poquito más. Llegará el tiempo de volver a tocar el suelo con los pies, de aterrizar.

Tengo tantas cosas en esta cabeza que llevo sobre los hombros, tantas cosas que compartir que se me desordenan y no sé como expresarlas, es que a veces las palabras sobran cuando hablamos de felicidad.

Bendita esta vocación que nació a la par que fui creada y se ha ido tejiendo en el tiempo como la flor que primero es semilla y después desprende ese aroma inconfundible.
Benditos niños, favoritos del Padre. Bendita su transparencia y sus locuras.

Sonrío, no puedo parar de sonreir.




Bendita cotidaneidad extraordinaria.

viernes, 11 de junio de 2010

En la memoria del corazón

Me siento emocionada, si. En esta cotidianeidad, que hoy se hace extraordinaria, me gustaría dedicarle unas palabras a alguien a quien guardo un especial cariño a pesar de que el tiempo (y las circunstancias) nos hayan separado.

Dice una frase popular, típica de agenda de cole, que “Mucha gente entra y sale de tu vida, pero solo los verdaderos amigos dejan una imborrable huella en tu corazón”. El tiempo no ha podido borrar ni uno solo de los recuerdos de aquellos momentos vividos a tu lado.

Desde temprana edad soñando con pizarras y cuadernos de colores, con sonrisas y alboroto de niños. Desde temprana edad soñando una vocación, vibrando con ella. Soñando con un futuro que entonces parecía lejano e incierto, un futuro que compartiríamos. Nuestro sueño se hizo realidad, pero nunca lo hemos podido compartir.

Intuyo que estás viviendo uno de los momentos más dulces y significativos de tu vida, se acerca un día importante y es por eso que no puedo, ni quiero, dejar pasar la ocasión para alegrarme contigo, por ti.

Aunque no cite aquí tu nombre sé que si lo lees sabrás que ésto está escrito para ti. Quizá nunca lleguen a ti estas palabras, con toda probabilidad yo tampoco me atreveré a hacértelas llegar. La misma cobardía de siempre, la que acabó con una bonita historia…¡qué lástima!. Y es que lo que no se cuida se estropea y se marchita.

Aún con todo y con ello en mi corazón siempre habrá un lugar para ti, para los buenos recuerdos y las inolvidables vivencias. Siempre habrá un lugar para el recuerdo, para mirar los álbumes de fotos y dejar escapar una lagrimilla de melancolía, la misma que hoy recorre mi ser.

Intento ordenar mis recuerdos, las cosas que hoy quisiera decirte pero no puedo. Es por eso que, en lo cotidiano de este día de junio, en esta serena tarde, va para ti mi pensamiento y mi deseo de que todo salga genial. Es el tiempo se soñar, de seguir creyendo en los sueños...




Gracias por el camino compartido.

lunes, 22 de febrero de 2010

Y de repente: TÚ

Y de repente Tú, en medio de mi cotidianeidad.

Un niño que llega y me abraza, y me dice que me quiere y que me ha echado de menos este fin de semana, el otro que no acierta a abrocharse los botones de la bata, la que no encuentra su almuerzo y llora desconsolada, el que mira al infinito buscando inspiración para su próxima travesura, la que te mira de reojo mientras sospechas que algo le pasa, el niño que te agarra de la bata para que le hagas cosquillas con tu dedo mágico, la que te ha hecho un dibujo que seguro en unos siglos será admirado en algún museo, ... La mamá que no encuentra consuelo ante la impotencia de no saber cómo acertar con su pequeñuelo, y me pide consejo a mí que solo soy una joven maestra inexperta. Y él, que con su presencia llena mi estómago de mariposas cada vez que nos cruzamos y sin quererlo nuestras miradas parecen encontrarse, o quizá sea cosa mía ¿qué me estará pasando? me pregunto. También están ellos, mis chicos de Confir, esos grandes adolescentes que hacen de las tardes de los lunes una fiesta de la alegría, de la cercanía y la confianza, del hoy que es el futuro, y del que en cierto modo me siento responsable. Y estás tu, pequeñito ser de a penas dos kilos y medio, que pataleas con fuerza dentro del spa materno para saludarme ¡si tu supieras lo que tu tía te quiere ya!, no veo el momento de acariciar tus mejillas y darte infinitos mimos. Estáis tant@s como os acercáis hasta mí y sois mis compañeros de camino.

Todo son señales, me dice una compañera. Hace unos días leía: A Dios no se le explica, a Dios se le experimenta… frase que me viene removiendo, que se me ha metido en la cabeza y le sigo dando vueltas.

En este tiempo de Cuaresma quiero experimentar más que nunca, quiero ser consciente de tu desierto, mi buen Jesús, en medio de estas pequeñas señales cotidianas que me das y me ayudan a estarte agradecida.

Quiero cuidar estas semillas de vida, a propósito de semillas un fantástico video del gran Pocoyó que esta mañana me ha enseñado una buena lección...


Cuidemos estas semillas.
Contigo, cada día, en lo cotidiano.

domingo, 31 de enero de 2010

Limpieza: quitando el polvo

Cuántas veces me gustaría volver a ser una mico de tres años, como mis alumnos, para crear mundos perfectos de plastilina en el que las flores siempre tienen pétalos y los caracoles siempre sacan sus cuernos al sol.

Tengo que seguir desempolvando a la niña que conservo pero que tengo cerrada con candados de hierro. Y tengo que desempolvarla bien. Sé que el día que lo consiga aprenderé a ver la vida con mucha más frescura y tranquilidad. Me pondré nerviosa por el futuro y disfrutaré con las pequeñas alegrías del día a día.

Y mientras sigo con la limpieza, una canción…


(por alguna razón que desconozco los 25 primeros segundos son propaganda, después ya está la canción)


Cuento contigo en mi cotidiana limpieza.