lunes 29 de septiembre de 2008

Hay ángeles entre nosotros

Desde siempre en mi casa este día, el de los Santos Arcángeles, se celebra, quizá no tan intensamente como cuando lo preparaba mi abuela pero si con el mismo cariño.

¿Quién no conoce en su vida a algún Rafael, Gabriel o Miguel? y no me refiero a hombres que lleven ese nombre, sino a personas que, como ellos, son ángeles que nos cuidan y curan; que nos anuncian y traen buenas noticias; que nos alejan de lo malo, de lo que no sirve.

Yo si, yo si conozco ángeles. Muchos me los cruzo a diario, a muchos tengo la suerte de tenerlos en mi vida. Otros me son más lejanos pero no por ello no sé a ciencia cierta que se trata de ángeles.
Personas que, como dice el dicho, parece que hayan caido del cielo. Personas buenas, serviciales, atentas, solidarias, alegres, llenas de vida.

Muchas veces me sorprende que la gente piense que sólo los creyentes pueden ser ángeles, aunque esta reflexión sería para otro momento porque a mi me da para largo...

Porque aunque no siempre les veamos, hay ángeles entre nosotros.




Gente que se despierta cuando aún es de noche y cocina cuando cae el sol.
Gente que acompaña a gente en hospitales, parques.
Gente que despide, o que recibe a gente en los andenes.
Gente que va de frente, que no esquiva tu mirada,
y que percibe en el viento cómo será el verano cómo será el invierno.

Gente que pide por la gente en los altares, en las romerías.
Gente que da la vida, que infunde fe, que crece y que merece paz.
Gente que se funde en un abrazo en el horror y que comparte el oleaje de su alma.
Gente que nos renueva la pequeña esperanza de un día vivir en paz.
Son necesarios, vitales.
Que en lo cotidiano sigamos encontrándonos con ellos.

domingo 28 de septiembre de 2008

Cuando el amor da un paso más...

Aunque hayas caido, aunque la vida te haya dado palos muy duros siempre hay un motivo para seguir pa'lante.

20 de Septiembre de 2008. Día grande, muy grande. Dos personas que se quieren dieron un sí decidio y firme. Y sé que su felicidad será eterna, porque en su mirada está la transparencia que solo el Amor es capaz de dar.

A pesar de las circunstancias, a pesar de las importantes ausencias físicas, aquel día la magia hizo de las suyas y todos pudimos sentir un poquito la presencia de los que nos precedieron en el amor y, aunque no pudiendo acompañarnos con sus sonrisas, nos hicieron un guiño desde el cielo. Con ese esplendido sol nos dejaron claro que estaban a nuestro lado. Gracias.

Recordad lo que díjo San Pablo y recordó Silvio: solo el amor convierte en milagro el barro.

Yo, en lo cotidiano, no puedo dejaros de desear lo mismo que, parafraseando al poeta, os dije, entre otras muchas cosas en mi carta, aquel día:

Que el corazón no se os pase de moda, que los otoños os doren la piel. Que todas las noches sean noches de boda, que todas las lunas sean lunas de miel.

Prima, nuevo primo: ¡¡Enhorabuena!!

domingo 14 de septiembre de 2008

Señales cotidianas

Esta es una reflexión cotidiana, que escribí en un día cotidiano en Zaragoza. Fuí a la Expo y tuve la gran suerte de alojarme en un cole.

Amanece en Zaragoza. Es lunes, y hoy no es un día cotidiano, no. Se celebra la vuelta al cole.

Me encuentro en un cole de la Escuela Pía. Las voces de los niños me terminan de despertar y de un salto me levanto de la cama. Me asomo a la ventana y con millones de sentimientos admiro asombrada las reacciones de esos pequeñuelos que empiezan el cole por primera vez, o de aquellos que están asombrados de verse tan crecidos, e incluso de los que se reencuentran con sus maestros que entre abrazos y besos les reciben.


Reina un importante y admirable espíritu de alegría, fraternidad y encuentro. Con las imágenes que se van clavando en mi corazón empiezo a soñar despierta y me imagino entre la algarabía, quizá es que tengo demasiada capacidad imaginativa o a lo mejor es que me muero de la envidia, no lo sé. Lo que tengo claro es que pagaría por encontrarme entre esa multitud con una bata en mi brazo, e incluso con ella puesta, un símbolo de la docencia.

Quizá, como me suele decir mi amiga Paula, todo tiene su momento y las cosas siempre suceden por algo...pero una nunca termina de acostumbrarse a que ante sus ojos se sucedan imágenes de las que desearía formar parte.

Volviendo a esas imágenes, y dado que me encuentro en un colegio calasancio, recuerdo a San José de Calasanz, patrón de los maestros y uno de los más importantes pedagogos de la historia. Él, preocupado por los problemas de su época supo contribuir muy positivamente al progreso educativo, a la modernidad. En continuo reciclaje de ideas y de formación, y con una cuidada y exquisita manera didáctica de enseñar a aprender ¡qué grande Calasanz!.

Después de estar un buen rato apoyada en la ventana y con la baba ya asomando, decido que es momento de adecentarme. Una vez acicaladita salgo de mi habitación derechita al comedor para desayunar y reponer fuerzas. Sigo oyendo las voces de niños y maestros y mientras camino me imagino las escenas. Subo al comedor, y admiro a los hermanos que andan por allí preocupados de que nada nos falte (ea, ese Calasanz sigue calando hondo). Mientras degusto mi zumito, mi cafelito y unas buenas tostadas me imagino esa gran sala repletita de niños comiendo, con sus manías y sus gustos.

De repente, con el ruido de alrededor, hago silencio en mi misma, ¡raro en mi!, y caigo en que ésto no me está sucediendo porque si, en que a lo mejor es una señal.

¡Y tanto que lo era!.

En lo cotidiano, pequeñeces.

Continuará...

jueves 4 de septiembre de 2008

Ratitos cotidianos

Comenzaba el día con una noticia-mazazo. De esas que en el fondo hacen pupita, te sientes frustrada y echándote las manos a la cabeza te lamentas de lo que pudo ser y no ha sido.
Tras un largo momento de autoenfado decido comaprtirlo con alguien, que al otro lado de la pantalla, sé que me comprenderá.
La respuesta no se ha hecho esperar, la verdad es que ha sido un corto espacio de tiempo mientras preparaba el aula y los materiales del día. Después de un sencillo: Ofréceselo a Él, un video y una letra.

DIARIO DE MARÍA. Martín Valverde


Te miro a los ojos, y entre tanto llanto
parece mentira que te hayan clavado.
Que seas el pequeño al que he acunado,
y que se dormía tan pronto en mis brazos,
el que se reía al mirar el cielo
y cuando rezaba se ponía serio.


Sobre este madero veo aquel pequeño
que entre los doctores hablaba en el templo,
que cuando pregunté, respondió con calma
que de los asuntos de Dios, se encargaba.


Ese mismo niño, el que está en la cruz,
el Rey de los hombres, se llama Jesús.
Ese mismo hombre ya no era un niño
cuando en esa boda le pedí más vino.


Que dio de comer a un millar de gente
y a pobres y enfermos los miró de frente.
Río con aquellos a quienes más quiso,
y lloró en silencio, al morir su amigo.


Ya cae la tarde, se nublan los cielos,
pronto volverás a tu Padre Eterno.
Duérmete pequeño, duérmete mi niño,
que yo te he entregado todo mi cariño.
Como en Nazareth, aquella mañana,
"¡He aquí tu sierva, he aquí tu esclava!"

Un breve espacio cotidiano de recogimiento personal para hacerme con el día, tirar pa'lante y recordar que las cosas siempre pasan por un motivo. Para ponerme en frente de mis pequeñuelos y demostrarles que siempre, aunque cueste, podemos encontrar una pequeñez que nos haga sonreir.