Te veo, sonrío.
Me emociono mientras te acercas a mí aunque me pongo la máscara de cabreada, quiero que pienses que sigo cabreada.
Cruzamos miradas, me abrazas, me das un beso en la mejilla. Sonrío, te abrazo y te dejas abrazar. Quizá esta sea la última vez que suceda, o quizá no porque contigo nunca se sabe.
Tu ya has tomado tu decisión, y aunque me duela la respeto.
Aún queda algo que hablar, aunque volverán a sobrar las palabras.
En lo cotidiano con el corazón partío sigo pensando en esa mirada bajada...
Ya lo ves que no hay dos sin tres (y yo, en lo cotidiano, quiero empezar a desacostumbrarme)
domingo 2 de noviembre de 2008
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