Vino al mundo para llenar los días cotidianos de momentos extraordinarios, y lo consiguió. Su nobleza, su rectitud, su sabia paciencia, su amor incondicional, sus consejos, su ejemplo de vida, su saber estar a la sombra pero dando infinita luz, sus manos trabajadoras, las puertas de su casa siempre abiertas, su educación, su elegancia, su oración, sus ganas de vivir y darse con mucho carisma , su bondad hacían de mi abuela una mujer inigualable.
Hoy, abuela, he ido con mamá al cementerio en tu querido pueblo. Sabes que si no voy más al camposanto es porque no me siento cómoda allí, aunque hoy ha sido diferente.
Mientras limpiaba tu tumba y la del abuelo recordaba las miles de veces que habiáis secado mis lágrimas, que habiáis acunado mis sueños y me habiáis llenado de besos y abrazos. Mientras colocaba unas flores bajo la cruz del Resucitado que preside vuestras tumbas pensaba en todas las veces en las que me decías aquello de: "Hija, las flores en vida". Y creo que en vida, pude darte muchas de esas flores que tu habías sembrado en mí, nunca tantas como las que tu me diste a mi.
Paseando por el camposanto he reconocido nombres, quizá demasiados, y pensaba en todas esas personitas que también han formado parte de mi niñez y juventud, de aquellos que nos han precedido y que sin duda dejaron algo de ellos en mi vida. Nombres, rostros que no son ajenos.
Te decía que la sensación en el cementerio hoy ha sido diferente. Hoy sentía verdadera paz. En el silencio abrumador del lugar me apetecía encontrarme contigo, con el abuelo. Dar gracias por vuestra vida que tanto ha marcado la mía y pedir para que así lo siga haciendo aunque nunca os llegue ni a la suela de los zapatos.
Claro que unas flores no son nada, abuela, pero a ti te encantaban y tú siempre tenías las huertas bordeadas de flores y el jardín de casa ni te cuento.
En verano nunca faltaban flores en la cocina, aunque fuera en un vaso con agua, sin demasiada parafernalia, con mucha sencillez. Por eso hoy quise acompañar a mamá, que sé que no le gusta ir sola. Por eso hoy quería ponerte flores, porque era tu cumpleaños y te las merecías.
No sabes cuanto te echo de menos cada día. Lo mucho que disfrutarías de tu casa, de tu cocina, de tu huerta, de tus cosas. Pero la vida es así, y tu merecías descansar en paz y en buena compañía.
Cada día, en lo cotidiano, te sigo pensando, te sigo queriendo.



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